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Fue uno de esos días de tanta nieve el año pasado, en julio. Con mi esposo viviamos en un departamento cuyo dueño odia a los perros. Ya me habia visto en un par de ocaciones con perros, tambien me prohibió darles de comer en la puerta, porque arriunaba la imagen del consorcio. Me aclaró que si veía otro perro me mandaba una orden de desalojo. Mi marido me pedia por favor que no saliera a la calle para no ver mas perros. Uno  de esos días de nieve, estaba saliendo de mi casa cuando ví en la esquina un pompón negro que caminaba, justo por cruzar una calle muy transitada, sali corriendo a parar los autos, y la agarré, no pesaba nada, era puro pelo, mojada por la nieve. Las pulgas se habían apoderado de su cuerpo: las veía caminando por encima de sus ojos, entraban y salían de su nariz, tenía un poco de sarna. Mi esposo pegó el grito en el cielo ‘nos van a desalojar’, pero no había opcion para mi, el problema ya existia, la tenia en mis manos, con solo 30 dias de vida habia sobrevivido a la adversidad del clima: la nieve. Si ella luchó por sobrevivir, yo con mas razón quería ayudarle. La llevé hasta mi casa, le dí un antiparasitario y la llevé al veterinario, allí le inyectaron ivermectina, y unas vitaminas, en la veterinaria nos permitieron dejarla hasta que alguien la adoptara. Asi hicimos, la gente iba buscando un cachorro pero cuando la veían decian ‘vuelvo otro día cuando tengan más’… era muy fea pobrecita, se llevaban a todos y siempre quedaba la misma, nadie la queria adoptar. Pasó 3 meses en ese lugar, sin abrigo, a la interperie, sin el calor de una familia, sola, con compañeros que entraban y salían a mejor destino: una familia. Un día me llamó mi mama (Nidia) que vive en San Juan, me preguntó por ella y le conté que llevaba 3 meses ahí, en esas condiciones, y decidió adoptarla pese a tener en ese momento 3 perras más, con ella eran 4. La cargamos en el auto y la llevamos a San Juan, el camino fue un infierno, se descompuso todo el viaje. Mi esposo estaba enojadísimo, yo limpiaba como podía en cada parada que hacíamos. Por momentos me imaginaba haciendo dedo a un costado de la ruta porque mi esposo nos quería matar a las 2. Finalmente llegamos, mi mamá ya le habia cosido una cucha abrigada, le habian comprado dos comederos, y la esperaban con los brazos abiertos. Hoy es la dueña de un patio grande y de un quincho hermoso, totalmente cerrado y hasta calefaccionado. Pero se ve que no puede abandonar sus hábitos callejeros y prefiere dormir en el pasto a la interperie y si se moja mejor, ademas de romper bolsas de basura. La idea era que durmiera en ese quincho y que ladrara si sentia ruidos, pero al comienzo parecía que el cuidador era mudo. Pasaron 4 meses hasta que emitió el primer sonido. Hoy es un gran perro guardián, simpática, juguetona y feliz. Su nombre fue mutando, en un comienzo Miss Wolf que significa Señorita Lobo por el parecido físico con su antecesor. Luego quedo Wolf (lobo) y actualmente Michi Wolf o simplemente Michi.

- Celina Rodríguez



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