20130216_190150.jpgotro-viejito.jpg Pipo tiene una larga historia con final feliz.
Pipo es un abuelo de más de 12 años. Vivió toda su vida en la zona de Deportes de la UNCuyo. Era uno de los perros que ayudaban al personal de maestranza en sus rondas y colaboraban con la seguridad del lugar. Ahora Pipo es un abuelo. Hace un tiempo fue atropellado y al no recibir ayuda, una de sus patas quedó con menos movilidad.
En Diciembre de 2012 fue mordido por otros perros y quedó con una herida grande en el cuello, que tampoco nadie curó. Después de dos meses sin cuidados esa herida se transformó en algo muy serio.
Nuestra amiga Lilia, que ayuda en la alimentación de los perritos del rectorado, fue alertada el jueves 14 de Febrero de esta situación por personal del destacamento. Después de buscarlo por más de una hora lo encontraron en la sala de calderas, un sótano oscuro y lleno de chatarra.
El comentario del personal del lugar fue: traiga un veterinario que lo sacrifique. Está muy viejo y lastimado. Lilia se comunicó con la SMPA y llevaron un veterinario para que lo revise. Lo curó y medicó. El viernes al ver que Pipo no se levantaba, la SMPA solicitó ayuda para trasladarlo a una veterinaria. Dos amigas se ofrecieron inmediatamente Laura y Mirta que están siempre presentes en momentos críticos. Mirta y Lilia lo trasladaron a la vet. de la Dra. Cadile donde quedó internado. Pipo tenía una bichera enorme en su cuello y en otras partes del cuerpo. Estaba muy dolorido y casi entregado. Fue medicado, curado y se le aplicaron fluidos. Después de dos días de intensos cuidados, Pipo se paró solito ,aunque con dificultad por las secuelas del atropellamiento. Hoy está de muy buen ánimo, come bien y progresa en la sanación de sus heridas. A corto plazo se mudará al predio de la SMPA donde será cuidado y mimado.
Una vez más vemos como los perros utilizados para guardia, en muchos casos,cuando llegan a una edad crítica, son tratados como muebles viejos, deshechados
y reemplazados por ejemplares jóvenes que ayuden a cuidar las espalda de los guardias. Pipo, un abuelo noble, no quería dejar el lugar donde había
vivido toda su vida. Lo que no sabía, es que las personas que compartieron
con él estos 12 años no sentían lo mismo. Ahora la SMPA es SU FAMILIA y le proporcionará cuidados y cariños.
La SMPA agradece públicamente a Lilia por su labor constante en el cuidado y rescate de perros en riesgo y a Mirta y Laura por dar su presente cada vez que un animal necesita ayuda.
Muhas gracias en nombre de PIPO!



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