Humor negro, maldad o casualidad?
La nota que transcribimos a continuación es publicada en Diario UNO justo el Día del Niño….. Hermoso regalo para los pequeños sugiere el periodista, experimentar el horror de las capturas callejeras.
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Autor: Manuel de Paz
Mail: mdepaz@diariouno.net.ar
Muchos festejaban, hace unos meses, que tuviéramos una provincia que no mataba perros. Fue cuando la Legislatura de Mendoza votó a las apuradas –y para hacerse la moderna– una ley que nos rotulaba como “provincia no eutanásica” con los chocos.
Ahora resulta que no sabemos qué hacer con la enorme cantidad de perros abandonados que andan por las calles jodiendo a medio mundo y planteando inusuales problemas políticos y ambientales.
Es decir que en este caso los representantes del pueblo han legislado para crear un nuevo problema sanitario o de seguridad pública y no para resolver un problema.
Deberían devolver la plata, que es lo que se hace cuando cuando algo viene fallado. O que nos la cambien por otro producto mejor armado.
Criaturitas
Usted me dirá: insensato, estamos hablando de pobres animalitos de Dios. Claro, le diré yo, pero las vacas, los pollos, los chivos y los pescados también son obra del mismo diosito y sin embargo usted y yo les damos palo y a la bolsa porque la prioridad es que nos deben alimentar. Y nadie chista.
Ya sé: los perros son históricos compañeros de la especie humana. Pero son animales. Y se supone que no deben tener más derechos que nosotros. No son las vacas sagradas de la India.
Que me disculpen, pero yo suelo desconfiar de los que tienden a tener más consideración por el bicherío callejero que por los niños.
Los perros son, claro, dignos de consideración y merecen tener buenos tratos. Pero no a costa de que nos empiojen la existencia.
Fuera de ley
Su proliferación y su contacto social con los humanos deben estar regidos por normas que vayan desde la sensatez hasta los dictados científicos.
Nadie propugna que haya que salir a matar perros a mansalva. Pero sí que hay que poner un manto de sentido común a una situación que ha sido provocada por una legislación oportunista y sin criterio.
Quisimos hacernos los avispados sociales, parecer gentes de buena conciencia con los animales, como si fuéramos Finlandia, y en realidad terminamos siendo torpemente dogmáticos y muy poco realistas.
La granja rebelada
Así es como hemos dado pie a que se empiecen a presentar rebeliones en ciertos municipios que están padeciendo un creciente e inesperado problema ambiental y sanitario con el choquerío instalado en todos los espacios públicos.
Los funcionarios municipales que se quejan aducen que la ley “no eutanásica” los ha obligado poco menos que a desentenderse del problema de los perros callejeros, sobre todo a partir de la eliminación de las perreras en la mayoría de las municipalidades, donde además aducen que les salen muy caros los métodos de esterilización.
Que se hagan cargo
Es más: algunos funcionarios dicen: “Los castramos pero al no poder confinarlos igual siguen haciendo daño, mordiendo a gente en la calle o rompiendo las bolsas de residuos y esparciendo basura ”.
En muchos comunas ya se escucha una queja que semeja un grito de guerra: “¡Que se hagan cargo ahora de este balurdo los que dicen ser tan amigos de los cuzcos!”.
Malargüinos retobados
Ha sido la propia tierra del gobernador Celso Jaque, el municipio de Malargüe, la que ha iniciado la rebelión.
Ya anunciaron que quieren abrirse de la ley provincial que prohíbe la eutanasia canina, o, dicho en criollo, la que veda el sacrificio de animales como sistema para controlar la población canina.
Esto, repetimos, es un clarísimo ejemplo de cómo una ley puede complicar la existencia de los ciudadanos al sancionarse sin el debido estudio, dejándose ganar por la presión sectorial de gentes que tienen chapa de sensibles y esclarecidos y que por defender a los animales terminan afectando la vida cotidiana de los humanos.
Motín canino
Permítanme contarles una historia que me fue revelada por funcionarios provinciales y que pinta hasta qué punto esto se está complicando.
Cuesta creerlo pero el nuevo complejo penitenciario de Almafuerte, en pleno desierto pedemontano, está sufriendo un disturbio derivado de la explosión “demográfica” de los perros.
Autoridades de esa cárcel han pedido ayuda para que alguna perrera se haga cargo de decenas de perros que se han instalado a vivir en esa prisión o en los alrededores.
Algunas versiones hablan de 50 chocos.
¿Cómo llegaron allí?
Simple, los fueron llevando los familiares de los presos. Y los abandonaron en ese lugar con la idea de que les iban a dar de comer.
¡Juera, can!
Esa jauría de Almafuerte ha empezado a adquirir modales bravíos cercanos a los de los cimarrones.
“Se han puesto malísimos y no se les puede acercar nadie”, explicaron.
Un legislador me confió que hace unos días algunos de esos perros rompieron una alarma del penal que cuesta $15.000 y que ahora no pueden reponer por falta de presupuesto.
“Necesitamos un camión especial para llevar estos perros a otro lugar”, rogaba hace unas horas un penitenciario.
¿Pero adónde los van a llevar, si ahora las perreras municipales ya no existen?
En el pecado, la penitencia
¿Se da cuenta, atento lector, los problemas que puede generar una legislación demagógica?
El perrerío está creando, además, sobre todo en las ciudades cabeceras de los departamentos, serios problemas en el tránsito y en los peatones.
Las peleas de esos animales para conseguir comida o por defender el territorio hacen que se traben en fieras luchas que obligan a los automovilistas a efectuar volantazos o frenadas intempestivas.
Cada vez hay más problemas en torno de las escuelas y crece el riesgo de que los niños sean mordidos o que puedan contagiarse de perros sarnosos o con otras enfermedades.
Lo mismo ocurre en las entradas a los supermercados, donde los canes van a buscar comida, o de las carnicerías de barrio, donde es común ver a ancianas señoras espantarse ante los potentes dientes que les muestran algunos pichos.
Algo bueno: ya se están preparando varias iniciativas en los municipios para que los legisladores presenten una modificatoria a la famosa y modernosa ley “no eutanásica”.
La política, dice el lugar común, es el arte de lo posible. Sí. Y la confección de ciertas leyes es el arte de hacerle imposible la tranquilidad a la ciudadanía.
Fuente: http://edimpresa.diariouno.net.ar/2008/08/10/nota188964.html
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Es obligación de la SMPA responder esta nota en pro del fortalecimiento de la ley 7603.
Resulta lamentable el contenido de este artículo. Se ataca a los perros ( chocos como los llama Paz), a los proteccionistas y a los legisladores pretendiendo torcer el pensamiento de quienes lo leen.
La Ley 7603 y su modificatoria es perfecta, digna de una provincia en crecimiento que avanza sobre modelos probados ampliamente.
No voy a manifestarme sobre el resto de la nota, plagada de conceptos baratos, torpes y erróneos.
Quiero resaltar que LA LEY nunca es un estorbo. LA LEY debería cumplirse. Si no se hace, LA LEY en sí misma no es la causa de los inconvenientes señalados por Paz, sino su incumplimiento por parte de los funcionarios responsables.
Resulta sorprendente y penoso que un periodista de larga data en Diario UNO sugiera que la ley 7603 fue aprobada entre gallos y medianoche, menoscabando el trabajo y esfuerzo de legisladores y ONGs que elaboraron y apoyaron el proyecto.
Paz dice que la ley 7603 es dogmática e impracticable en nuestro país. Sugiere a cambio “La Solución Final”, retrocediendo otra vez en el tiempo y recordándonos la barbarie sin límites que ya tuvimos la desdicha de vivir.
Prof. Maria Teresa D’Amico
Presidenta
SMPA